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La Cosecha Final

David Wilkerson
septiembre 3, 2025

“Si obedeciereis cuidadosamente a mis mandamientos que yo os prescribo hoy, amando a Jehová vuestro Dios, y sirviéndole con todo vuestro corazón, y con toda vuestra alma, yo daré la lluvia de vuestra tierra a su tiempo, la temprana y la tardía; y recogerás tu grano, tu vino y tu aceite” (Deuteronomio 11:13-14).

Las temporadas de siembra y cosecha en Israel eran completamente opuestas a las nuestras. Las primeras lluvias, que ablandaban la tierra, caían de octubre a finales de diciembre, justo antes de la siembra. Las últimas lluvias caían de marzo a abril, justo antes de la cosecha, y estas lluvias maduraban la cosecha.

Es importante notar que estos dos derramamientos siempre tuvieron que ver con la cosecha, “recogerás…” Amados, si quieren juzgar cualquier mover del Espíritu Santo para discernir si es de Dios o de la carne, entonces usen este criterio: La obra del Espíritu siempre está enfocada en la cosecha de almas.

No importa qué tipo de manifestaciones se observen en un supuesto avivamiento, no es un verdadero mover de Dios a menos que se centre en la cosecha. La lluvia del Espíritu Santo siempre cae para producir una recolección de almas.

Dios derramó su Espíritu en la lluvia temprana de Pentecostés para preparar y ablandar el terreno para la siembra de las semillas del evangelio. Ese día, sembradores llenos del Espíritu fueron enviados desde el Aposento Alto a Jerusalén, Judea, Samaria y los confines de la tierra para hacer discípulos de Jesucristo.

La iglesia ha vivido casi 2000 años de siembra y crecimiento, ¡y es tiempo de cosecha! Todos los que han muerto en Cristo hasta ahora representan las primicias o la cosecha temprana, pero Zacarías profetiza una cosecha final, y esa es la razón por la que Jesús aún no ha venido (ver Zacarías 12:10). El Señor ha estado esperando pacientemente su última y poderosa cosecha de la tierra.

“Por tanto, hermanos, tened paciencia hasta la venida del Señor. Mirad cómo el labrador espera el precioso fruto de la tierra, aguardando con paciencia hasta que reciba la lluvia temprana y la tardía” (Santiago 5:7).

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